Lo que soy.
Enconado siento en mi pecho
el fulgor de la espera agotadora.
Como el caballo alado camino sin rumbo,
luego de una larga jornada de vuelo.
La música recuerda que existo
y que en el viento quedaron trozos
de una vida plena y llena de esperanzas
que nunca terminaron.
Una melodía extinta y sinuosa hace presagiar
momentos de incertidumbre y de decisiones,
tal vez hasta drásticas.
Miro hacia adentro y encuentro
un vacío indómito donde el
corazón aún resiste y vive.
Las antenas que deben marcar el rumbo
ya no funcionan y me desoriento al
pensar en ella.
Siento un calor que recorre mi cuerpo
oprimido por tanto sentimiento.
Quiero llorar y no puedo, pues
sigo aferrándome a mi instinto.
Los matices me embrujan
y al oir de nuevo el llanto de mi guitarra,
que ha sido la única compañera fiel
que destierra día a día mi canto
más profundo, me sigo desvelando.
Tengo que seguir adelante, pisando
la hierba que veo a mi paso,
sintiendo la tierra y lo oscuro de mis lazos.
Siento el sudor en mi ropa, mi espalda quemada
y piernas que aún hacen rielar mis sentidos.
Con el paso de los años he aprendido lo que soy,
he elaborado más de alguna vez
el prospecto de mi vida,
no me he cansado de alentar a mi alma moribunda
y he rebajado mis sentencias,
Pues también ha sido necesario perdonarme….

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